Lo que sembramos cosechamos, lo que damos recibimos / En opinión de José Damian Rivas

México / Redacción MX Político.- Debemos asumir la responsabilidad de nuestras vidas y ser el capitán de nuestro barco. Tenemos en nuestras manos el control remoto, elegimos el canal o estado de ánimo en que queremos estar y, no permitamos que otras personas lo manejen porque nos pueden dominar.

El ser libres y escoger lo que se quiere en la vida es a lo que llamamos libre albedrío; tener libertad de decisión es un derecho con el que nacemos; podemos y debemos demostrar más respeto por nosotros mismos, dejando de salir con amistades que nos hacen daño, nos deprimen o se aprovechan de nuestra buena voluntad. Una decisión y un derivado van de la mano: si hay poco interés en la escuela se sufren consecuencias; lo mismo sucede al no saber elegir un mejor amigo.

Las relaciones saludables con los padres y buenos amigos se construyen sobre cimientos entrañables, sabiendo escuchar con dignidad y respondiendo con decoro, dejando a un lado los juicios precipitados. Una gran mayoría de personas no sabemos escuchar, lo que ocasiona grandes frustraciones en la vida, como: sentirnos incomprendidos, que nadie entiende nuestros problemas, nuestro dolor, nuestras necesidades.

Es preciso aprender lo más posible sobre cada decisión que tomamos, conocer sus ventajas y desventajas, lo bueno y lo malo, de modo que se tomen decisiones apropiadas, no equivocadas, con los ojos abiertos para no lamentarnos después. Entendamos que según la determinación tomada iremos por el camino correcto o incorrecto.

El esplendor de una amistad no radica en una mano extendida, en la bondad de una sonrisa o en el placer de una compañía; sino en la inspiración, la vocación del espíritu, al comprobar que en verdad alguien cree en nosotros, lo demuestra con sinceridad, no aparenta y está siempre dispuesto a brindarnos su ayuda, su amistad, su lealtad. Todos nacemos sin nada y nos vamos sin nada; lo mejor es ser humildes y sencillos.

Hay que ser como se es, no fingir buena fe. Se necesita integridad para vivir según nuestras convicciones. La convicción es la conciencia del espíritu. Las actitudes son más importantes que las aptitudes. La verdadera grandeza es devolver bien por mal. El tiempo enseña más que la cultura. Los hijos no se van, la vida se los lleva porque ya necesitan estar en otra dimensión para desarrollarse.

En la prosperidad nos sobran amigos; en cambio, en la adversidad se conoce de verdad quién o quiénes son los verdaderos amigos. La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad están dormidos. Cuando tratemos de evaluar personas, en lugar de perder el tiempo buscando lo mediocre, concentrémonos en apuntalar cualidades.

Las ideas de una sociedad estable emanan de sus valores, de su cultura, de su forma de percibir y entender al mundo. Sus miembros deben distinguir y compartir su idoneidad para fundar una colectividad productiva. No es posible avanzar hacia algún lado cuando todos caminan hacia rumbos diferentes; cuando hay discusiones sobre la interpretación de las acciones de otros o cuando no hay congruencia ante lo que se profesa y lo que se hace por parte de los líderes.

El cultivo de la memoria es tan necesario como el alimento al cuerpo. Hablemos siempre con la verdad al mismo tiempo que mantengamos la humildad. La sinceridad es el cimiento de toda excelencia personal. La mejor cura para el cuerpo es tranquilizando el espíritu. Una persona insignificante y débil puede ser un enemigo mortal. Cuánto más vale un ser humano con más y mayor calidad practica la humildad.

Dicho con toda la verdad porque es justo y necesario reconocerlo, la mujer tiene más capacidad humana que el hombre; es un manantial de sentimientos y dones. El hombre más feliz es el que encuentra paz en su hogar. La avaricia es la más terrible plaga del g{enero humano. La alegría prolonga la vida y trae salud; una persona alegre es generalmente amable. Podemos comparar que, educación es saber leer y, cultura, es qué saber leer.

Un buen proceso de planeación evita la improvisación; así el proceso educativo es una supervisión constante de los principios, métodos, técnicas y procedimientos que deben seguirse para lograr que el aprendizaje de los educandos sea el de mejor calidad. Es más importante lo que el maestro es que lo que enseña, pues su ejemplo personal perfecciona su labor. El maestro y los alumnos son los protagonistas del proceso educativo. El maestro es un artista porque el barro con que trabaja es el material más precioso que forma la personalidad humana. La razón es el freno de mano del amor.

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fjb

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