El factor Anaya sigue dividiendo al PAN

Manuel Ovalle Araiza quien, como Torres Peimbert y Anaya, es también prominente panista de Querétaro

Alvaro Delgado

CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- Ricardo Anaya Cortés formó parte, en su natal Querétaro, de las juventudes priistas y ahora, como jefe máximo en el PAN, actúa como si ya se hubiese consumado el “autodedazo” para ser el candidato presidencial del Frente Ciudadano por México.

“¡Presidente, presidente, presidente!”, le gritan cada vez con más frecuencia en actos panistas y de la alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano, como ocurrió el miércoles 15, cuando mujeres de varios estados lo abrazaron, besaron y se tomaron fotos con él. “¡Lo queremos de presidente! ¡Sabemos que va a dar todo!”.

–Muchas gracias, gracias –respondía Anaya, ruborizado y sonriente, estrujado por las mujeres que, durante media hora, se le entregaron en el Colegio de San Ildefonso, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde la alianza organizó el encuentro “Mujeres al Frente”.

Al grupo lo trajo a la Ciudad de México la secretaria panista de Promoción Política de la Mujer, la senadora Marcela Torres ­Peimbert, queretana como Anaya, quien lo ve no sólo como candidato, sino como presidente de México.

–¿Y tiene con qué? –pregunta el reportero.

–¡Por supuesto! Brillantez, ética, responsabilidad, frescura, compromiso.

Pero hay quienes rechazan esta descripción. Uno de ellos es Manuel Ovalle Araiza quien, como Torres Peimbert y Anaya, es también prominente panista de Querétaro: “Ricardo ha hecho su carrera a partir de la simulación, del engaño y la traición”.

Ovalle Araiza, quien revela a Proceso que hace dos décadas convenció a Anaya de dejar las juventudes priistas y militar en el PAN, afirma que éste ya es el “candidato de facto del Frente”, porque ha aprovechado “la perversión” de su partido, que “ya es de clientelas”, desprovisto de procesos internos democráticos para elegir a sus candidatos y dirigentes.

Exdiputado federal y, hasta hace un mes, coordinador de asesores del gobernador de Chihuahua, Javier Corral, el panista queretano no duda que Anaya logrará su objetivo. “Toda su presidencia del partido ha estado determinada por lograr este proyecto personal de ser candidato de Acción Nacional y en este caso también del Frente”.

Sangre priista 

Ovalle fue secretario de gobierno del ayuntamiento de Querétaro encabezado por Francisco Garrido Patrón –exesposo de Torres Peimbert–, en 1997, en el que Anaya fue director del Instituto de la Juventud y luego Ovalle lo hizo secretario particular como gobernador (2003-2009), posición en la que acumuló un enorme poder.

Cuando lo conoció ese año, 1997, Anaya no era panista, sino que formaba parte de un grupo de jóvenes que lideraba el priista José Francisco Chepo Alcocer Aranda, secretario de Enrique Burgos cuando fue gobernador –hoy es senador del PRI–.

“De hecho cuando yo lo convencí para que entrara era una discusión entre si él se quedaba en el PRI o intentaba entrar al PAN. Él se acerca al PAN cuando ganamos la presidencia municipal y ganamos la gubernatura, en 1997”, recuerda Ovalle, quien asegura que Anaya no participó en la campaña y se acerca a Garrido, porque era su vecino en el Club Campestre.

–¿Pero fue militante priista o sólo simpatizante?

–No sé qué grado tenía de compromiso, lo que sí sé es que estaba en este grupo de jóvenes priistas que estaba capacitando Chepo Alcocer.

–Entonces un joven priista se puede convertir en el candidato presidencial del PAN.

–Ese no es el dato más importante. El dato clave es su forma de actuar y el poco valor que tiene su palabra. A la gran mayoría de la gente, incluyendo a los líderes de opinión, no les importa, pero para mí es un dato muy significativo que se subordine el interés superior de una institución a los fines personales. Esta distorsión ética es muy grave, porque retrata inmadurez emocional e intelectual. Ese dato se me hace, además, muy peligroso.

Ovalle Araiza advierte que la manera de Anaya de procesar la coalición electoral con el PRD y MC está generando muchas inconformidades en varios estados, como en Morelos, donde el Consejo Estatal resolvió, casi por unanimidad, rechazar la alianza, no sólo porque Graco Ramírez ha sido un pésimo gobernador, sino porque quiere imponer como candidato a sucederlo a su hijastro Rodrigo Gayosso.

Pero, añade, Anaya propició una ruptura en el PAN con la renuncia de Margarita Zavala y habrá otras.

Las dificultades del Frente 

En efecto, además de Morelos, hay inconformidades de panistas en al menos la mitad de los estados del país, como en San Luis Potosí, donde se niegan a respaldar a Ricardo Gallardo, el alcalde perredista de la capital del estado, quien busca relegirse, o en Michoacán, donde el gobernador Silvano Aureoles, también aspirante presidencial, es repudiado por el panismo local.

Las inconformidades en los estados han tratado de contenerse con la operación política que hacen los secretarios generales del PAN y PRD, Damián Zepeda y Beatriz Mojica, quienes citan a los presidentes de los partidos en la Ciudad de México para instruirlos a pactar.

Pero también hay inconformidad en el panismo por la indefinición del método para definir al candidato presidencial del Frente Ciudadano por México. Si bien el PAN registró ante el Instituto Nacional Electoral (INE) que sea el ordinario –elección de los militantes–, Anaya insiste en que será la coalición la que lo determine.

El más airado impugnador del método es Rafael Moreno Valle, el expriista gobernador de Puebla, quien exige que sea mediante una elección abierta a la ciudadanía, algo que rechazan el propio Anaya y los presidentes del PRD, Alejandra Barrales, y de MC, Dante Delgado, por los riesgos de que el PRI meta las manos.

Con una intensa campaña propagandística que inició desde que dejó la gubernatura, en febrero, Moreno Valle ha sumado a su reclamo de elección abierta al perredista Aureoles, y aun al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera.

“No podemos darle un madrazo al Frente”, repite el exgobernador de Puebla, en alusión a que Anaya pretende convertirse en candidato presidencial desde la presidencia del PAN, como lo hizo el priista Roberto Madrazo y que, en la elección de 2006, lo derrumbó al tercer lugar, algo –dice– que le puede pasar a ese partido.

Aunque de manera menos airada, los otros tres aspirantes a la candidatura, Juan Carlos Romero Hicks, Ernesto Ruffo y Luis Ernesto Derbez, también exigen que se defina un método para seleccionar el candidato, que en primer lugar debe hacerse en el PAN.

El presidente de la Comisión de Doctrina de Acción Nacional, Juan José Rodríguez Prats, rechaza el plan de Anaya de que el método de selección del candidato quede en manos de la coalición formada con PRD y MC, porque su partido debe diferenciarse de sus contendientes y hacer un proceso democrático.

“Dedazo no”

En entrevista la tarde del viernes 17, un día antes de la sesión extraordinaria del Consejo Nacional, Rodríguez Prats tenía previsto proponer a ese máximo órgano de dirección del PAN la celebración de una contienda interna para definir al candidato presidencial, al que se sumarían el PRD y MC.

“Si se hace una alianza en la que PRD y MC reconocen el derecho del PAN de elegir a su candidato a la Presidencia por estar mejor posicionado en el electorado, entonces el PAN puede ir a un proceso interno. Si Anaya quiere contender, que se inscriba y debata con Romero, Derbez, Ruffo y Moreno Valle, y una comisión electoral conduzca el proceso con toda transparencia y con respeto a nuestros ordenamientos internos”.

Con 23 años de militar en el PAN, luego de estar casi el mismo tiempo en el PRI, Rodríguez Prats advierte que no es posible quitarles a Romero, Derbez, Ruffo y Moreno Valle el derecho a participar, pero además su partido y eventualmente el Frente deben diferenciarse de sus contendientes.

“A mí me encantaría que ellos puedan caminar por toda la República para sacar el candidato y contrastarnos con el PRI, que está esperando el dedazo de Peña, y Morena que está esperando el autodestape de Andrés Manuel”, subraya.

Conocedor de la doctrina panista, el exdiputado y exsenador, quien ha protagonizado las confrontaciones más intensas con Felipe Calderón, como en el Consejo Nacional de abril, no ve viable una elección abierta para seleccionar al candidato presidencial, como plantea Moreno Valle, ni tampoco cree que sea adecuado seleccionarlo mediante encuestas.

–¿Y si es inevitable la imposición de Anaya?

–Le tengo simpatía, tiene muchas cualidades, pero tenemos que darle su lugar al militante panista. He caminado por todo el país y percibo que hay molestia del panismo que no sabe qué está sucediendo. El panismo tiene una tradición de reflexión, de debate. La única forma de que podemos preservar la congruencia, que es la virtud en política por antonomasia.

FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM

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