En Los Pinos, una mansión hecha para Angélica Rivera

Redacción Noticias MX- En una casa blanca, en el extremo norte del perímetro de la residencia oficial de Los Pinos, Angélica Rivera, La Gaviota, quien durante el sexenio anterior fue esposa del presidente Enrique Peña Nieto, grabó un video en “defensa de su honor” a fin de evitar que siguiera “siendo un pretexto para ofender y difamar” a su familia, con motivo del reportaje realizado por el equipo de Aristegui Noticias y conocido como “La casa blanca de Enrique Peña Nieto”.

Fue ahí, en la habitación principal de la casa blanca de Los Pinos, donde se produjo aquel video en el que Rivera leyó un escueto informe, con un tono que por momentos parecía de regaño al público.

Desde hace cuatro meses un grupo de arquitectos documenta inmuebles, acabados y dimensiones de las 79 edificaciones que hay en el perímetro de lo que fue el predio presidencial que unió al antiguo rancho de La Hormiga con el aún más antiguo Molino del Rey: 56 mil metros cuadrados, según la información oficial.

El director administrativo del Centro Cultural Los Pinos, Homero Fernández Pedroza, explica en entrevista con Proceso que el inventario se realiza sin ayuda de documentos, pues no hay planos, informes de gastos, facturas ni datos que revelen el destino de lo que ahí se encontraba, sus dimensiones, los muebles que se albergaron… nada.

Desde diciembre, Fernández envió oficios a todas las dependencias y áreas que pudieran contar con la información, pero no obtuvo respuesta positiva, por el argumento de la seguridad nacional.

La casa, identificada en el inventario sólo como Cabaña II, es una residencia de estilo clásico, semioculta entre árboles y bardas infranqueables hasta el pasado 1 de diciembre. Según Fernández, fue construida al iniciar el gobierno peñanietista y, por la información obtenida entre personal del extinto Estado Mayor Presidencial, supo que ahí se grabó el mencionado video y del uso que se dio al inmueble: vivienda y oficinas de la primera dama de 2013 a 2018.

Integración arquitectónica

Como la mayor parte de los inmuebles ubicados en el perímetro, de los cuales cuatro eran casas presidenciales, la de Angélica Rivera tiene hoy paredes blanqueadas y no conserva el tapiz ni quedó rastro de la credenza marmórea con remates dorados que sirvieron de escenografía al video.
De acuerdo con los avances del inventario, el inmueble tiene unos mil 200 metros cuadrados de construcción, distribuidos en dos niveles y un sótano con cuatro cuartos para servidumbre. Se ubica en el extremo norponiente del predio.

La casa de Rivera es vecina del salón Adolfo López Mateos, que servía para los actos públicos presidenciales; está justo enfrente de la residencia que Marta Sahagún solía llamar “la cabaña”, construida en los tiempos de Vicente Fox, que no quiso vivir en la casona Miguel Alemán.

En la fachada hay dos balcones, una terraza y amplias ventanas. En los costados se aprecian ocho y 10 en la parte trasera; dos de éstos miden tres metros de altura y dan a un jardín privado, como si se requiriera mantener la privacidad de sus ocupantes aun en un predio de por sí inaccesible.

Los acabados exteriores son de abundante cantera blanco esperanza, que reviste las columnas en el pórtico de 10 metros de alto, engalana todos los contornos de la casa –diseño que comparte con la residencia Miguel Alemán– y enmarca las 36 ventanas. Al pie de la mansión destaca la inscripción “C&S” tallada en la cantera, que los arquitectos encargados del inventario no han descifrado.

Set de modelaje

Hasta finales de septiembre de 2014, los excesos del arranque de gobierno se diluían en la popularidad del llamado “Mexican moment”, el eslogan con el que el gobierno promovía las reformas estructurales avaladas en el Pacto por México, un ambicioso plan de obras públicas y la exhibición de una familia presidencial glamorosa que acaparaba portadas en las revistas del corazón.

Antes del bimestre negro que significó para el régimen peñanietista la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa el 26 de septiembre de ese año, así como el reportaje “La casa blanca de Peña Nieto”, la primera semana de noviembre, Angélica Rivera y su hija Sofía Castro modelaron en esa residencia para la revista Marie Claire. El título de la portada en letras doradas no dejaba lugar a dudas: “Redefiniendo el poder femenino”.

La sesión de modelaje tuvo lugar en una escalera con barandal, un trabajo a simple vista oneroso de forja. Hasta entonces sólo se sabía que las fotografías se tomaron en la residencia oficial de Los Pinos. Sin embargo quedó una duda: las escasas fotografías del exterior de la residencia Miguel Alemán, la más grande y esplendorosa de Los Pinos, permitían ver una escalera al fondo, pero era diferente. La Presidencia de la República mantuvo en secreto que se hubiera construido una casa para Rivera.

En el inventario del Centro Cultural Los Pinos la edificación apenas está en desarrollo y es identificada como Cabaña II, aunque entre los arquitectos suelen llamarla Cabaña de La Gaviota, para diferenciarla de la Cabaña de Fox.

Las casas presidenciales, llamadas “cabañas” desde el sexenio foxista, son verdaderas residencias, pletóricas de lujo. La ornamentación en el caso de la construida para Rivera es particularmente destacable. 

Un recorrido por la Cabaña II permite ver que todas las estancias comunes, además de la larga escalera de tres tramos, tienen piso de mármol, lo mismo que todas las superficies en los baños de visita así como los de cada una de las cuatro habitaciones, si bien éstas, a diferencia de las áreas comunes, tienen pisos de duela.

En su planta baja hay dos amplios salones y lo que al parecer fue un estudio o biblioteca. Blancos sus muros, no hay rastro de muebles o decoraciones; vacía su cocina apenas con cables, tubos y conexiones expuestos. En realidad, la residencia de Rivera sólo conserva decenas de spots, algunos ya fundidos, que iluminaron el interior de la casa: 12 por cada dormitorio, decenas en las amplísimas áreas comunes.

Historia de una mansión

De acuerdo con Apro, durante cuatro décadas los 600 metros cuadrados que ocupa la casa blanca de Los Pinos fue jardín, y ha sido espacio de intervención conforme a los caprichos sexenales.

A base de testimonios –como ya se dijo, no hay referencias documentales–, Fernández Pedroza ha reconstruido en parte la historia del predio que ocupa la mansión y, con pesar, señala la extensión de jardín consumido por las construcciones.

Fue en el sexenio de José López Portillo cuando tres cabañas rústicas, al parecer edificaciones-muestra para el entonces presidente, se construyeron ahí y en algún momento dieron independencia a los hijos del mandatario que hundió al país en una crisis.

Cuando en 2000 Fox ganó la Presidencia, el arquitecto Alberto Kalach le recomendó –como también lo haría con López Obrador– no vivir en la residencia Miguel Alemán, un símbolo de la ostentación, el boato y el lujo de uno de los presidentes priistas con mayor fama de corrupto.

Las dos cabañas rústicas fueron demolidas para dar paso a las I y II, diseñadas por el arquitecto Humberto Artigas. La primera, conocida como Cabaña Fox, es una residencia de un piso, con acabados rústicos en cantera, pero en sus 800 metros cuadrados dista mucho de la sencillez que se atribuye por definición a una cabaña. 

Frente a esa, una estructura similar fue edificada como vivienda para los hijos de Fox, que terminó demolida para dar paso a la residencia de Angélica Rivera, cuyo destino es incierto.

 

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